
El padre de los Juegos Olímpicos modernos, el Barón de Coubertin dijo: “lo importante no es ganar sino participar”, refiriéndose a la competición deportiva y que "Lo esencial en la vida no es vencer sino luchar bien", cuando se refirió a la formas de vida y de enfrentarse a ella.
Tras la emotiva inauguración de los Juegos de Londres, de nuevo nos hemos empapado de buenos deseos y de grandes promesas. Si bien, he de reconocer que la competición y todo lo que la rodea sí que es real y que a buen seguro, muchos de nosotros, de participantes, organizadores y voluntarios, si que se han emocionado y en algunos momentos seguro que se han impregnado de ese sentimiento de igualdad, de convivencia y de tolerancia que desprende el llamado espíritu olímpico.
Es cierto que se unen cientos de países, de culturas, de creencias, todas medidas por el mismo rasero. Desfilan en el mismo lugar y dirección, enarbolando su bandera, mostrando con orgullo sus raíces, al igual que cualquier país por muy grande, pequeño, poderoso o lejano que esté.
Por unas horas no hay razas, ni creencias, ni costumbres enfrentadas. Países en guerra, sin libertades, donde la mujer apenas pueden opinar, enfrentados por motivos raciales, económicos…etc. Ahí estaban todos, para competir entre sí de una manera honesta y demostrar que
La mujer, presente en todos los países participantes, apagando por fin la llama de la desigualdad. ¿Llegará el día en que no tengamos que plantearnos si por ser mujer u hombre se adquieren unos derechos u otros?, espero que sea pronto.
Y por unas horas yo sueño, que si eso se consigue en tan poco tiempo, ¿porqué no pudiera ocurrir de verdad?. Esos mismos hombres y mujeres que son capaces de hacernos soñar con un mundo ideal, de resaltar nuestras más íntimas bondades, de exaltar nuestros sentimientos más puros de tolerancia y convivencia, ¿porqué no siguen ahí, en nuestra mente, en nuestras vidas?. Somos nosotros, la gente de la calle los que pudiéramos intentarlo.
En fin, déjenme soñar no con el espíritu olímpico, sino con un alma olímpica, que es mucho más personal. Al fin y al cabo, la misión en los Juegos Olímpicos no es la victoria, es la paz.
M. Marrero




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